jueves, 3 de diciembre de 2015

La metodología a nuestro servicio

As for techniques and processes, as seen in the works themselves, neither public nor artists will find anything about them here. Those things are learned in the studio and the public is interested only in the results.
Charles Boudelaire

Esta asignatura va tocando a su fin y, poco a poco, vamos cerrando círculos. Hemos hablado mucho en estas entradas de competencias, cómo entenderlas e incluso cómo evaluarlas. En la entrada de hoy nos toca analizar cómo deberían ser las metodologías para la enseñanza de competencias.

Plantea Antoni Zabala en su libro 11 ideas clave. Cómo aprender y enseñar competencias (Zabala y Arnau; 2009) si es posible y realista enseñar competencias en tanto en cuanto no existe una ciencia que las haya estudiado para desgranar los componentes que las constituyen. Sería un debate muy largo, pero el autor parece convencido de que existen elementos suficientes para pensar que sí pueden enseñarse y pueden identificarse componentes disciplinares, interdisciplinares y metadisciplinares en ellas. De este modo, para enseñar competencias haría falta apoyarse en diferentes "saberes científicos". Pero también se desprende de su análisis que ciertas competencias quedarían fuera de cualquier disciplina científica o tienen desarrollos científicos distintos, aun siendo competencias muy relevantes para la vida, que al fin y al cabo también estamos hablando de formar para la vida.

Por eso, porque no se pueden encajar las competencias metódicamente en compartimentos estancos, la clave de enseñar competencias parece estar en el método (metodología) que usemos. La integración de actividades para garantizar el aprendizaje de competencias nos obliga a configurar un mapa complejo y trasversal. Zabala incide en que para ser realistas habría que buscar un camino intermedio, no muy alejado de la visión actual basada en la división por materias o asignaturas (por mucho que el panorama ideal sería más parecido a establecer una división nueva basada en áreas más globales). Se agradece una dosis de realismo en este enfoque.


La metodología en este caso nos ha de servir como herramienta para vehicular la enseñanza de competencias, especialmente de aquellas que no quedan integradas dentro de una materia o disciplina. En este sentido, debemos tener muy claro todo aquello que queremos conseguir (contenido y competencias actitudinales, procedimentales, etc.) para elegir la metodología que mejor puede servir a nuestro objetivo. Como ocurre con la evaluación, el uso de metodologías diversas puede garantizar un mayor abanico de posibilidades de aprendizaje. No existe una solución única, debemos conocer y analizar en profundidad lo que queremos enseñar para elegir la metodología más adecuada, pero si algo está claro es que mediante clases magistrales no podremos alcanzar las competencias básicas que pretendemos.
A photo posted by P Martín (@conmdemaster) on

A photo posted by P Martín (@conmdemaster) on


Zabala añade también, y creo que es una idea que se repite en muchos de los elementos que hemos estudiado este trimestre, la necesidad de incorporar la reflexión y la sistematización a las actividades que apliquemos en el aula. Sin esos elementos, cualquier metodología o intento de aprendizaje quedaría cojo, mucho más cuando hablamos de competencias para la vida.



Y si hay algo que he incorporado en estos meses a mi mochila es una buena cantidad de metodologías que desconocía. Con el tiempo y la experiencia seguro que sabremos elegir bien cuál es mejor en cada momento. Algunas metodologías han sido todo un descubrimiento que seguro que aplicaré si algún día ejerzo, por ejemplo, las clases invertidas. ¡Qué gran idea!


No hay comentarios:

Publicar un comentario