"The trail is the thing, not the end of the trail"
Louis L'Amour
Las notas han sido siempre grandes protagonistas de la escuela. Cada uno tiene una experiencia muy particular en ese tema; lo que para unos era un momento de cierta emoción, para otros se convertía en un momento terrorífico. Para algunos, las notas suponían una motivación, mientras que para otros eran motivo de intranquilidad. Pero lo que parece claro es que las notas evaluaban, al menos en mi infancia y adolescencia, un resultado y no tanto un proceso de aprendizaje. Después, recuerdo cómo se introdujo como una gran novedad aquello de la "evaluación continua", que a mí y a muchos nos pareció toda una revolución.
Si caminamos hacia un proceso de enseñanza-aprendizaje integral, basado en competencias como comentamos en la entrada anterior, parece claro que la evaluación debe ser coherente con ese nuevo planteamiento. La evaluación debe ser un proceso complejo, que evalúe diferentes habilidades (como apunta José Luis Castillo en este vídeo) y sea coherente con la metodología empleada. La evaluación cierra el círculo del aprendizaje, pero al mismo tiempo inicia el siguiente bucle como un trampolín a partir del cual seguir creciendo. En definitiva, evaluar para aprender.
En ese recorrido, como apunta Neus San Martí, el error debe actuar como motor de la evaluación. Como docentes, debemos ser capaces de documentar el error para que sirva al alumno como aprendizaje. O, aún mejor, trabajar para dotar al alumno de las competencias necesarias para que sea capaz de autoevaluarse y autocorregirse. Podríamos distinguir tres dimensiones en la evaluación: la evaluación, la autoevaluación y la coevalución. Reconozco que como alumna no he tenido apenas oportunidad de experimentar las últimas dos opciones, salvo en este máster, que en alguna asignatura hemos aplicado autoevaluación y coevaluación. Una magnífica manera de, en palabras de Neus San Martí, "conseguir que los chicos aprendan a saber en qué se han equivocado".
Evaluación, coevaluación y autoevaluación... Nuevo trinomio de la educación... #edubateMA
— Targetup (@targetup) noviembre 3, 2015
Para que la evaluación sea realmente orientadora y personalizada conviene evaluar un buen número de elementos en diferentes formatos, como recomienda Antoni Zabala (2007). Una buena herramienta de evaluación que se nos ofrece son los portfolios electrónicos, que suponen una especie de diario de aprendizaje del alumno en el que se vuelcan todos los ejercicios o trabajos, y también otra serie de elementos, como imágenes, vídeos, composiciones (lo que Jordi Adell califica como "artefactos") y también reflexiones. Como dice el autor, el portfolio genera un cierto rechazo inicial pero garantiza la conciencia sobre la propia evaluación.
Otra herramienta que nos permite trabajar en la misma dirección para evaluar esta vez un ejercicio concreto son las rúbricas (que conocemos sobradamente después de un mes de clase, pero que han sido uno de mis descubrimientos personales). En las rúbricas se refleja algo en lo que insiste mucho José Luis Castillo, los "verbos de acción" que representan aquello que perseguimos (leer, analizar, reflexionar, relacionar, etc.).
Todas estas buenas intenciones, sin embargo, se topan de frente con obstáculos como la selectividad, las reválidas o incluso las oposiciones (como comenté en una anécdota de mis primeras entradas), que parecen ir en otra dirección, más centrada en la calificación, que en la evaluación de competencias.
En cualquier caso, como comentaba una compañera en una entrada anterior, hasta que no completemos el curso con las prácticas, no seremos capaces de cerrar nosotros también el círculo y ver todo esto de lo que hoy hablamos con cierta perspectiva real.
Totalmente de acuerdo contigo, Pax.
ResponderEliminarLas nuevas metodologías educativas deben ir acompañadas de un cambio en la manera de evaluar; del propio sentido de la evaluación.
Sin embargo, tanto la selectividad como las nuevas propuestas de evaluación externa, van a condicionar de manera determinante los progresos que podamos hacer en este sentido.
Has usado una palabra que me parece definitiva y que lo resume todo...COHERENCIA
Jo també estic molt d'acord amb tu Pax, i en el meu cas, volia destacar un aspecte que comentes que és que l'avaluació ha de ser entesa com un recorregut, com un trampolí a partir del qual seguir creixent, amb l'error com a motor de l'avaluació. Per mi, l'aprenentatge a partir de l'error és fonamental i molt significatiu, i demostra que no només és possible equivocar-nos sinó que és positiu.
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