jueves, 22 de octubre de 2015

Competencias y currículum. Cómo encajarlos.


"La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos 
y el horizonte se corre diez pasos más allá. 
¿Entonces para que sirve la utopía? 
Para eso, sirve para caminar."
(Eduardo Galeano)

Una idea planea por encima de todas después de ver la conferencia de Antoni Zabala: la utopía. No está mal ponerse románticos hablando de educación. Además, parece una buena dirección para hacer camino, como dice Eduardo Galeano. Solo hay que tener cuidado de no quemar nuestras alas y acabar como Ícaro en esa búsqueda infinita de la utopía...

Pero mejor no me desvío del tema... Esta semana me ha costado más que antes escribir esta entrada. Hasta ahora, hemos hablado de temas (nueva educación, TICs, etc.) de los que, en mayor o menor medida, todos tenemos una opinión de partida, lo que los ingleses llamarían common talk. En cambio, esta semana introducimos conceptos como currículum y competencias, mucho más técnicos y específicos de educación. Sobre el currículum, como marco de trabajo formal, hemos hablado bastante en la asignatura de Diseño curricular, pero hoy me toca hablar de su vertiente más pragmática y de cómo encaja el currículum en una línea de enseñanza por competencias. Si me llegan a preguntar por esto hace tres semanas, me habría quedado totalmente en blanco, luego caminamos.

Para situarme, me ayudo de la definición que hacen Zabala y Arnau es su libro 11 ideas clave. Cómo aprender y enseñar competencias (2009), que elaboran después de un estudio detallado de definiciones previas del término, desde su origen aplicado al entorno laboral hasta su aplicación posterior en la educación. 
Imagen propia
Me ha interesado especialmente de la lectura de esta semana la explicación de Zabala sobre el falso debate entre teoría y práctica, si asumimos que las competencias serían la práctica y los objetivos del currículum la teoría. El autor habla de un "falso activismo" que ha contribuido (seguramente de forma inconsciente) a desvirtuar el concepto de pedagogía activa. Y me alivia leer algo en lo que estoy totalmente de acuerdo: "Sin conocimientos conceptuales sobre los que aplicar conocimientos es imposible que se aprendan significativamente" (Zabala i Arnau, 2009). Habla mucho del autor que entre a analizar los errores que se han podido cometer para confundir el análisis (como la contraposición frontal con el modelo expositivo anterior). Un ejemplo del rechazo que ha podido generar este "falso activismo" son los artículos de Gregorio Luri, que se posiciona claramente contra esa visión distorsionada de la nueva pedagogía.

Pero si dejamos atrás ese falso debate, y situamos los contenidos, los procedimientos, los hechos y las actitudes en el mismo nivel estaremos siendo más rigurosos y podremos analizar otros aspectos como la función del libro de texto (que yo adoraba cuando era estudiante, pero que no ofrece suficiente flexibilidad para una época en la que la realidad a veces atropella la información del libro de texto, ni ofrece una solución para la educación inclusiva) o estudiar la necesidad de adaptar el contenido del currículum, etc.
Una foto publicada por P Martín (@conmdemaster) el

Parece razonable pensar que el trabajo por competencias requiere mayor inversión de tiempo y la única respuesta posible es reducir el contenido del currículum. En palabras de Josep Oriol Escardíbul, de la Universitat de Barcelona, "si el currículo se adelgaza, queda tiempo para hacer cosas más útiles como el aprendizaje transversal y polivalente". Sin embargo, otros autores, como Felipe Zayas, matizan un poco esa necesidad e introducen la idea de que a veces detrás de esa denuncia de currículo recargado hay "una renuncia por parte del profesorado a interpretar, adecuar y concretar el currículum oficial".

Esta última idea me lleva a pensar que, además de analizar si el currículum es excesivo o no, deben centrarse esfuerzos en formar al profesorado para trabajar por competencias. Además, sería interesante saber en qué medida un buen clima de aula (propiciado en el trabajo por competencias) contribuye al aprovechamiento del tiempo. Y por último, un tema muy importante que estoy trabajando esta semana para otra asignatura, si queremos atender a la diversidad y ofrecer una educación inclusiva, necesitamos un currículum más flexible.


2 comentarios:

  1. Muy buena entrada, Pax. La visión que me ha provocado tu comentario "La realidad atropella el libro de texto" me ha parecido real y muy acertada. Por mucho que las editoriales que se dediquen a actualizar los contenidos de los libros de texto, nunca jamás llegarán a equipararse a la realidad de hoy, de mañana...¡Y eso sin contar con el descalabro que significa para las familias tener que renovar libros constantemente a los precios "populares" que los venden! Los docentes tenemos la obligación de velar por el uso adecuado del libro texto. Es un ejercicio de responsabilidad.

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  2. Yo también era de las que adoraba el libro de texto! Pensaba que mi completa ignorancia como adolescente que no había otra forma de aprender que no fuera a través de una clase magistral y con el libro de texto como guía suprema! pero cómo bien expones no nos ofrece a nosotros los docentes la suficiente flexibilidad para poder adaptarlo a los contenidos que en asignaturas como Historia son muy cambiantes. También estoy de acuerdo en lo que comentas de formar al profesorado para trabajar por competencias, en clase se nos ha hablado mucho dentro de un marco téorico con Zabala como referente, pero creo que el docente hoy en día no está formado para aplicar esta metodología en el aula, más que nada porque los factores tanto internos como externos lo impiden.

    Saludos Pax!

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