jueves, 3 de diciembre de 2015

Punto y seguido


Hoy toca hacer balance de mi visión sobre la educación y sobre el papel que debe tener el docente. Para acompañarnos en esta reflexión se nos planteó un ejercicio de grupo muy interesante el primer día de clase. Se trataba de utilizar una imagen (en nuestro caso el plano de un instituto) y acompañarla de conceptos o ideas que reflejaran nuestra visión inicial, y repetir ese ejercicio al final de la asignatura para reflexionar sobre lo aprendido.
En mi caso, llevaba varios años planteándome la idea de hacer el máster para tener la posibilidad de probar la docencia, pero con la tranquilidad de tener una carrera profesional ya labrada. Entré en clase la primera semana con pasos dudosos, sin la seguridad de adónde me llevarían, sin saber muy bien si estaba preparada para el máster o para la docencia. Con la mochila cargada de ideas preconcebidas y de mis experiencias como estudiante, pero sin ninguna noción real de cómo era la enseñanza en el 2015.
Confieso que me sorprendió que, a pesar de que habían pasado 20 años desde que salí de las aulas de secundaria, no parecía que se hubieran producido muchos cambios. De hecho, me di cuenta de que mi visión inicial de la educación, aun con muchas lagunas, era mucho más avanzada que la que parecía estar en práctica en los institutos. En los últimos años, he leído mucho sobre educación, aunque más orientado a la primera infancia, y sobretodo he leído mucho sobre el método Montessori. Creo que esa base me ha servido para aproximarme a este máster con una idea previa de cómo quiero que sea la educación para nuestros hijos.
Aún así, mi visión estaba repleta de lagunas. Muchas las hemos ido resolviendo a lo largo de este trimestre y otras que tenía un poco difusas, he conseguido ponerles nombre y darles más significado. He descubierto autores y profundizado en otros (Antoni Zabala, Ken Robinson, Jordi Adell, Pere Alzina, etc.), nuevas metodologías (flipped classroom, por ejemplo) y cómo integrar herramientas de uso común en el aula (redes sociales, por ejemplo). 
Nube de palabras creada a partir de los textos de mis entradas en este blog

Pero quizá lo más importante es que el ejercicio de redactar cada entrada de este blog (Dificultades del sistema educativo, Mi aula el mundo, Competencias y currículum, Enseñar a pensar o aprendizaje significativo, Evaluar para aprender, Metodología, Compartir es vivir sobre redes sociales) me ha ayudado a fijar los conceptos nuevos, a reflexionar sobre las muchas iniciativas que se producen en torno a la educación. También me he dado cuenta de la cantidad de profesionales que comparten su motivación y propuestas para conseguir que paso a paso la educación pública de este país sea mejor y dejar atrás visiones estáticas y pasivas del proceso de enseñanza-aprendizaje. 
Hoy me siento más "empoderada", como dirían los ingleses. Tengo la sensación de que aquellas ideas un tanto pueriles que tenía al principio son posibles y están respaldadas por muchos docentes, se están poniendo en práctica en algunos centros y necesitan de profesores motivados con ganas de cambiar las cosas poco a poco, sin desterrar nada de lo que era bueno, pero sin miedo a introducir cambios y aprendizajes que han pasado a ser importantes en el siglo XXI. 
Para acabar, os muestro los dos ejercicios de Thinklink de mi grupo (el del primer día y el de final de asignatura). Espero que sea un buen resumen de lo mucho que hemos aprendido este trimestre. El camino continúa, el entusiasmo persiste y es tozudo...

Compartir es vivir

Hoy ha llegado el momento de hablar de redes sociales y su aplicación pedagógica a modo de balance del curso. No hay duda de que en esta asignatura han estado muy presentes y eso nos permite hoy evaluar nuestras impresiones. Yo tengo que decir que, por motivos laborales y por mi entorno personal, conocía todas las aplicaciones que se nos han propuesto en esta asignatura, salvo Thinglink. Eso sí, hasta hoy, el uso que yo hacía de la mayoría de ellas (concretamente, de Blogger e Instagram) no estaba relacionado con mi vida laboral, y mucho menos con el tema de la docencia en el que soy totalmente nueva.
De ahí mis reticencias iniciales sobre el uso de redes sociales en la asignatura, las dudas a la hora de vaciar mis reflexiones apresuradas de las primeras semanas, compartir mi evolución abiertamente con todos, etc. Me ocurrió algo parecido a lo que ya comenté en una entrada anterior en referencia a los eportfolios y que escuché de Jordi Adell, el rechazo inicial ha dado paso a una visión más consciente sobre el propio aprendizaje. Sé que esas dudas tienen mucho que ver con la necesidad de crear una identidad digital propia, honesta, ajustada a la realidad y en la que me sienta cómoda. Ese proceso no siempre es rápido.
Me gustaría detenerme en cada una de las herramientas que hemos usado en esta asignatura para analizar lo que me han aportado. En primer lugar, está Instagram, una herramienta que ya utilizaba antes y de la que soy fiel seguidora. Me encanta la fotografía y creo en el poder de las imágenes y la metáfora para comunicar, y en su aplicación educativa no puede ser distinto. Estoy convencida de que herramientas como Instagram pueden ayudarnos a entrenar la mirada de los alumnos, a que miren el mundo con otros ojos, para buscar elementos estéticos, irónicos, metafóricos para interpretar conceptos.
Blogger también ha tenido mucho protagonismo en esta asignatura y también la había usado anteriormente. Esta herramienta es quizá la más conocida y de uso más extendido en los centros. Permite relatos más elaborados e hipertextuales y es una solución muy interesante para diarios de aprendizaje o bitácoras de cursos/centros, etc. Tengo la impresión de que los blogs han ido cediendo terreno a otras herramientas más directas, más rápidas y menos elaboradas. Sigo creyendo en su utilidad para compartir reflexiones o relatos que necesitan más espacio.
Por último, quiero hablar de Twitter. Esta es la única herramienta que había utilizado anteriormente para compartir información profesional y conectar con otros colegas traductores. Creo que es una de las herramientas con mayor potencial de todas y ha supuesto una absoluta revolución en materia de redes sociales. Me parece sencillamente una genialidad. Desde que se inició esta asignatura, he sumado cantidad de contactos nuevos relacionados con la educación y he seguido multitud de debates via Twitter de temas sobre educación. Creo que de todas las herramientas que hemos utilizado, esta es sin duda la que me ha dejado más poso.
En las preguntas que se nos sugirieron para evaluar la actividad #cthinkeMA había una muy interesante que se refería al ejercicio que supone resumir en 140 caracteres una reflexión. Creo que ahí radica una de las principales aplicaciones didácticas de Twitter, la capacidad de sintetizar y trasmitir el máximo significado en pocas palabras. Yo ahí parto con ventaja porque he traducido muchos subtítulos en mi vida y ese entrenamiento es impagable... 
En definitiva, hoy no tengo ninguna duda de que tenemos que considerar las redes sociales como una herramienta más que puede servir en nuestro trabajo como docentes. En esta asignatura el objetivo era conocer la aplicación educativa de muchas de ellas, pero en una situación real habría que cuidar mucho que el uso de cada herramienta se adaptara al objetivo de aprendizaje que se persigue.
El uso habitual de redes sociales ayuda a los alumnos (y a nosotros) a crear una identidad virtual, que les conecte con otros, que les ayude a tejer redes, algo que está más presente que nunca también en el mundo laboral y comercial. Además, esas redes de conexiones multiplican por mil sus posibilidades de informarse o relacionarse con otros, a los que posiblemente nunca lleguen a conocer en persona. Una vez más estamos hablando de multiplicar las posibilidades de aprendizaje.


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Y por último, no me quiero olvidar de otros aspectos que pueden generar reticencias en el uso de redes sociales. Creo que son importantes porque, en la medida en que sepamos enfrentar estas dudas y enseñar también un buen uso de todas estas herramientas, podremos aprovechar al máximo todo el potencial que ofrecen. Es razonable que preocupen temas como la privacidad (sobre todo de los adolescentes), el exceso de información, las brechas digitales, la huella digital, un uso excesivo de redes sociales que pueda incidir negativamente en las habilidades sociales de los alumnos, etc.


La metodología a nuestro servicio

As for techniques and processes, as seen in the works themselves, neither public nor artists will find anything about them here. Those things are learned in the studio and the public is interested only in the results.
Charles Boudelaire

Esta asignatura va tocando a su fin y, poco a poco, vamos cerrando círculos. Hemos hablado mucho en estas entradas de competencias, cómo entenderlas e incluso cómo evaluarlas. En la entrada de hoy nos toca analizar cómo deberían ser las metodologías para la enseñanza de competencias.

Plantea Antoni Zabala en su libro 11 ideas clave. Cómo aprender y enseñar competencias (Zabala y Arnau; 2009) si es posible y realista enseñar competencias en tanto en cuanto no existe una ciencia que las haya estudiado para desgranar los componentes que las constituyen. Sería un debate muy largo, pero el autor parece convencido de que existen elementos suficientes para pensar que sí pueden enseñarse y pueden identificarse componentes disciplinares, interdisciplinares y metadisciplinares en ellas. De este modo, para enseñar competencias haría falta apoyarse en diferentes "saberes científicos". Pero también se desprende de su análisis que ciertas competencias quedarían fuera de cualquier disciplina científica o tienen desarrollos científicos distintos, aun siendo competencias muy relevantes para la vida, que al fin y al cabo también estamos hablando de formar para la vida.

Por eso, porque no se pueden encajar las competencias metódicamente en compartimentos estancos, la clave de enseñar competencias parece estar en el método (metodología) que usemos. La integración de actividades para garantizar el aprendizaje de competencias nos obliga a configurar un mapa complejo y trasversal. Zabala incide en que para ser realistas habría que buscar un camino intermedio, no muy alejado de la visión actual basada en la división por materias o asignaturas (por mucho que el panorama ideal sería más parecido a establecer una división nueva basada en áreas más globales). Se agradece una dosis de realismo en este enfoque.


La metodología en este caso nos ha de servir como herramienta para vehicular la enseñanza de competencias, especialmente de aquellas que no quedan integradas dentro de una materia o disciplina. En este sentido, debemos tener muy claro todo aquello que queremos conseguir (contenido y competencias actitudinales, procedimentales, etc.) para elegir la metodología que mejor puede servir a nuestro objetivo. Como ocurre con la evaluación, el uso de metodologías diversas puede garantizar un mayor abanico de posibilidades de aprendizaje. No existe una solución única, debemos conocer y analizar en profundidad lo que queremos enseñar para elegir la metodología más adecuada, pero si algo está claro es que mediante clases magistrales no podremos alcanzar las competencias básicas que pretendemos.
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Zabala añade también, y creo que es una idea que se repite en muchos de los elementos que hemos estudiado este trimestre, la necesidad de incorporar la reflexión y la sistematización a las actividades que apliquemos en el aula. Sin esos elementos, cualquier metodología o intento de aprendizaje quedaría cojo, mucho más cuando hablamos de competencias para la vida.



Y si hay algo que he incorporado en estos meses a mi mochila es una buena cantidad de metodologías que desconocía. Con el tiempo y la experiencia seguro que sabremos elegir bien cuál es mejor en cada momento. Algunas metodologías han sido todo un descubrimiento que seguro que aplicaré si algún día ejerzo, por ejemplo, las clases invertidas. ¡Qué gran idea!